miércoles, 29 de mayo de 2019

"JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES" (2019)




El concilio Vaticano II estableció, en 1966, la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en la solemnidad de la Ascensión del Señor. Desde entonces, cada año, los Papas han dirigido un mensaje a la Iglesia con este motivo. Este año bajo el lema: “Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana». A continuación, el mensaje del Santo Padre Francisco:

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 53 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

« “Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25).
De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana »



Queridos hermanos y hermanas:

Desde que internet ha estado disponible, la Iglesia siempre ha intentado promover su uso al servicio del encuentro entre las personas y de la solidaridad entre todos. Con este Mensaje, quisiera invitarles una vez más a reflexionar sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación; y a redescubrir, en la vastedad de los desafíos del contexto comunicativo actual, el deseo del hombre que no quiere permanecer en su propia soledad.

Las metáforas de la “red” y de la “comunidad”

El ambiente mediático es hoy tan omnipresente que resulta muy difícil distinguirlo de la esfera de la vida cotidiana. La red es un recurso de nuestro tiempo. Constituye una fuente de conocimientos y de relaciones hasta hace poco inimaginable. Sin embargo, a causa de las profundas transformaciones que la tecnología ha impreso en las lógicas de producción, circulación y disfrute de los contenidos, numerosos expertos han subrayado los riesgos que amenazan la búsqueda y la posibilidad de compartir una información auténtica a escala global. Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber; pero también es cierto que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito.

Hay que reconocer que, por un lado, las redes sociales sirven para que estemos más en contacto, nos encontremos y ayudemos los unos a los otros; pero por otro, se prestan también a un uso manipulador de los datos personales con la finalidad de obtener ventajas políticas y económicas, sin el respeto debido a la persona y a sus derechos. Entre los más jóvenes, las estadísticas revelan que uno de cada cuatro chicos se ha visto envuelto en episodios de acoso cibernético[1].

Ante la complejidad de este escenario, puede ser útil volver a reflexionar sobre la metáfora de la red que fue propuesta al principio como fundamento de internet, para redescubrir sus potencialidades positivas. La figura de la red nos invita a reflexionar sobre la multiplicidad de recorridos y nudos que aseguran su resistencia sin que haya un centro, una estructura de tipo jerárquico, una organización de tipo vertical. La red funciona gracias a la coparticipación de todos los elementos.

La metáfora de la red, trasladada a la dimensión antropológica, nos recuerda otra figura llena de significados: la comunidad. Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje.

Es evidente que, en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad. En el mejor de los casos, las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles. Además, la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo: este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo.

La red constituye una ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también potenciar nuestro autoaislamiento, como una telaraña que atrapa. Los jóvenes son los más expuestos a la ilusión de pensar que las redes sociales satisfacen completamente en el plano relacional; se llega así al peligroso fenómeno de los jóvenes que se convierten en “ermitaños sociales”, con el consiguiente riesgo de apartarse completamente de la sociedad. Esta dramática dinámica pone de manifiesto un grave desgarro en el tejido relacional de la sociedad, una laceración que no podemos ignorar.

Esta realidad multiforme e insidiosa plantea diversas cuestiones de carácter ético, social, jurídico, político y económico; e interpela también a la Iglesia. Mientras los gobiernos buscan vías de reglamentación legal para salvar la visión original de una red libre, abierta y segura, todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de favorecer su uso positivo.

Está claro que no basta con multiplicar las conexiones para que aumente la comprensión recíproca. ¿Cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?

“Somos miembros unos de otros”

Se puede esbozar una posible respuesta a partir de una tercera metáfora, la del cuerpo y los miembros, que san Pablo usa para hablar de la relación de reciprocidad entre las personas, fundada en un organismo que las une. «Por lo tanto, dejaos de mentiras, y hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros» (Ef 4,25). El ser miembros unos de otros es la motivación profunda con la que el Apóstol exhorta a abandonar la mentira y a decir la verdad: la obligación de custodiar la verdad nace de la exigencia de no desmentir la recíproca relación de comunión. De hecho, la verdad se revela en la comunión. En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo.

La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad. Como cristianos, todos nos reconocemos miembros del único cuerpo del que Cristo es la cabeza. Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas. Ya no hay necesidad del adversario para autodefinirse, porque la mirada de inclusión que aprendemos de Cristo nos hace descubrir la alteridad de un modo nuevo, como parte integrante y condición de la relación y de la proximidad.

Esta capacidad de comprensión y de comunicación entre las personas humanas tiene su fundamento en la comunión de amor entre las Personas divinas. Dios no es soledad, sino comunión; es amor, y, por ello, comunicación, porque el amor siempre comunica, es más, se comunica a sí mismo para encontrar al otro. Para comunicar con nosotros y para comunicarse a nosotros, Dios se adapta a nuestro lenguaje, estableciendo en la historia un verdadero diálogo con la humanidad (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 2).

En virtud de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios, que es comunión y comunicación-de-sí, llevamos siempre en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad. «Nada es tan específico de nuestra naturaleza –afirma san Basilio– como el entrar en relación unos con otros, el tener necesidad unos de otros»[2].

El contexto actual nos llama a todos a invertir en las relaciones, a afirmar también en la red y mediante la red el carácter interpersonal de nuestra humanidad. Los cristianos estamos llamados con mayor razón, a manifestar esa comunión que define nuestra identidad de creyentes. Efectivamente, la fe misma es una relación, un encuentro; y mediante el impulso del amor de Dios podemos comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.

La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás. El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal. El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje.

Del “like” al “amén”

La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro. Si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión. Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a los ojos, entonces es un recurso. Si una comunidad eclesial coordina sus actividades a través de la red, para luego celebrar la Eucaristía juntos, entonces es un recurso. Si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso.

Podemos pasar así del diagnóstico al tratamiento: abriendo el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia... Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres. La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los “like” sino sobre la verdad, sobre el “amén” con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás.

Vaticano, 24 de enero de 2019, fiesta de san Francisco de Sales.

Franciscus

jueves, 28 de marzo de 2019

Aspectos canónicos de la Iglesia en Internet

Internet y la misión de la Iglesia: el anuncio de la Palabra divina a través de los nuevos medios.








Dios, en su divina misericordia, ha querido que los bienes de la salvación se comuniquen ordinariamente a los hombres por los caminos de la Palabra y los Sacramentos. Esta economía de la salvación hace que la custodia del depósito de la fe y la predicación de la Palabra de Dios ocupe un lugar central en su actividad. El mismo Jesús envió a los apóstoles a predicar el Evangelio con autoridad, de tal manera que quienes escuchasen esa predicación lo escucharan a Él mismo (Cf. Lc 10, 16).

Este lugar central del ministerio de la predicación llevó a la Iglesia a utilizar desde el inicio todos los medios idóneos que tuvo a su alcance para llevarlo adelante (Cf. 2 Tim 4, 2). A la luz de la misión recibida de Cristo de custodiar la verdad revelada, profundizar en ella y exponerla fielmente a todos los hombres, la Iglesia considera un derecho que tiene desde su mismo origen, independiente de cualquier humano, predicar el Evangelio, incluso con sus propios medios de comunicación social (Cf. can. 747 § 1).

A partir del Concilio Vaticano II, bajo cuyo pedido se instituyó dentro de la Curia Romana una específica Comisión Pontificia para promover en la Iglesia la utilización de los nuevos medios de comunicación social, la presencia de la Iglesia en los mismos ha sido cada día más intensa y eficaz. Esta intención de utilizar todos los medios hoy disponibles ha encontrado su lugar también en la normativa universal sobre el oficio de enseñar de la Iglesia, que exhorta a utilizar todos los medios disponibles para el anuncio de la doctrina cristiana, no sólo los tradicionales (la predicación y la catequesis, que siguen ocupando un lugar primordial), sino también otros nacidos en los últimos siglos, como las escuelas y academias, o los que se han desarrollado en los últimos tiempos, como la prensa y los otros medios de comunicación social (Cf. can. 761).

Los nuevos instrumentos de la comunicación utilizados por la Iglesia para la predicación y la enseñanza de la doctrina han llevado también a la creación de nuevos marcos normativos, para garantizar la presencia eficaz y el ejercicio de la autoridad de la Iglesia para conservar íntegro el depósito de la fe que se le ha confiado, y para regular ordenadamente la dependencia de la autoridad que debe tener todo el ministerio profético confiado a la Iglesia (Cf. can. 823).

Ahora se presenta a la Iglesia una nueva oportunidad y un nuevo desafío, con un nuevo medio de comunicación, cada vez más presente en la vida actual, que es Internet. Aunque las primeras experiencias se remontan a la década de 1960, su expansión masiva y desarrollo actual se debe a la última década. En la Iglesia, que siempre utilizó todos los medios disponibles para el cumplimiento de su misión, se utiliza también de manera creciente Internet, aunque no cuenta todavía con una práctica y una normativa suficiente para regular su efectivo servicio al ministerio evangelizador de la Iglesia.

En este artículo, después de describir resumidamente las características propias de este nuevo instrumento y la utilidad que puede prestar a la misión de la Iglesia, presentaremos algunos aspectos canónicos que plantea el uso de Internet al servicio de la misión de la Iglesia, las normas existentes que deben aplicarse para su justa regulación y algunas sugerencias sobre su modo de aplicación, conforme a las características propias de Internet.

1. Internet y la misión de la Iglesia

Se puede describir Internet como una red de computadoras (en España llamadas ordenadores) conectadas entre sí para el intercambio de información. Estas computadoras pueden estar ubicadas en cualquier lugar del mundo, y basta que puedan conectarse, ya sea por vía telefónica o por otros medios, con algunas de las computadoras que hacen la función de nodos de la red mundial, para que puedan conectarse con cualquier otra computadora conectada a Internet.

Una nota característica de esta red es que no pertenece a ningún país, ni organismo oficial, ni a una empresa determinada. Es, desde este punto de vista, una red totalmente libre, a la que cualquier persona puede acceder desde cualquier lugar del mundo, si cuenta con una computadora y un modo de conectarla a Internet. En realidad, más que una red, se trata de una red de redes, formada por diversas redes conectadas entre sí, a través de las conexiones telefónicas que unen a todos los países del mundo, utilizando un sistema de comunicación que permite dividir los datos que se transmiten de una computadora a otra en pequeños paquetes de información perfectamente identificados, que vuelven a unirse cuando llegan a su destino.

Internet permite compartir información a través de los Sitios en las que se encuentran las Páginas Web o los Portales que vinculan con ellas, o a través del correo electrónico, o también a través de las "conversaciones en vivo", utilizando texto, sonido o imágenes, o sus diversas combinaciones.

Todas estas características presentan una gran oportunidad para la Iglesia, que tiene la misión de acercar a todos los hombres, a través de la predicación de la Palabra de Dios y la celebración de los Sacramentos, la salvación que Jesucristo nos ha traído, haciéndolos sus discípulos y enseñándoles a cumplir todo lo que nos ha mandado (Cf. Mt 28, 18-20).

Es evidente que la Iglesia no podrá reducir su tarea en el mundo a su presencia en Internet, ya que siempre será imprescindible el encuentro personal y comunitario en la celebración del Culto y especialmente en los Sacramentos, así como también en toda la vida de la comunidad, en la que la Palabra de Dios se encarna. Pero, sin embargo, Internet puede ser un complemento muy útil para la predicación de la Palabra de Dios en todo el mundo, incluso para hacerse presente en algunos lugares donde la Iglesia no tiene otro modo de hacerse presente.

Como todo instrumento, su conocimiento y el respeto de su naturaleza propia permite aprovechar de mejor manera toda su capacidad y utilidad. La Iglesia, por lo tanto, en la utilización de Internet como instrumento para la predicación de la Palabra de Dios, y también como instrumento para acercar a todos los hombres información sobre sí misma y su acción en el mundo, deberá conocer y respetar su naturaleza propia.

Internet, entendida como red de computadoras conectadas para el intercambio de información, es por su propia naturaleza interactividad. No sólo se accede a través de ella a la información que se brinda en las Páginas o se envía a través del correo electrónico o de los diversos modos de comunicación "en vivo", sino que también es posible poner a disposición de los demás la propia información. Este camino de ida y vuelta del pensamiento, a través de la imagen y la palabra, escrita o hablada, que fácilmente se establece entre personas ubicadas en cualquier lugar del mundo, incluso en tiempo real, supone toda una novedad que la Iglesia no puede dejar de tener en cuenta cuando se hace presente en Internet.

Dejando de lado otros aspectos, por razones de espacio y de tiempo, vamos a detenernos en primer lugar en el anuncio de la Palabra de Dios que diversos miembros de la Iglesia hacen en Internet, principalmente a través de Páginas o Portales y del correo electrónico. Más específicamente, analizaremos los aspectos canónicos de este anuncio de la Palabra de Dios hecha por católicos a través de Internet, con la pretensión de proponer caminos que sirvan para garantizar su identidad católica y la conformidad de sus contenidos con el magisterio de la Iglesia.

En un segundo momento analizaremos también el modo de garantizar la autenticidad de las Páginas que se hacen presentes en Internet identificándose como católicas, desde aquellas que representan institutos canónicos que tienen su origen en la misma voluntad divina, como las Iglesias particulares, hasta aquellas de personas jurídicas o asociaciones de fieles que asumen una función eclesial, ya sea de carácter privado o público (Cf. cáns. 116 § 1, 312 § 1 y 322 § 1).

Todo el Pueblo de Dios, cada uno conforme a su estado y condición, participa de la misión de la Iglesia, confiada por Jesús a los Apóstoles, de anunciar el Reino a todos los hombres de todos los tiempos. Por esta razón, es un deber y a la vez un derecho de todos los fieles trabajar para que el mensaje divino de la salvación llegue a todos, en todos los rincones de la tierra (Cf. Mt 28, 18-20 y can. 211). Ya que todos los fieles participan en la misión de la Iglesia, corresponde a todos ellos el derecho de promover la acción apostólica, siempre teniendo en cuenta el estado y la condición de cada uno (Cf. can. 216). Dentro del conjunto de los fieles, aquellos que se dedican a las ciencias sagradas (Biblia, teología, derecho canónico y otras) tienen derecho a una justa libertad para manifestar sus opiniones, siempre con la debida sumisión a los Obispos, a quienes corresponde la función magisterial en la Iglesia (Cf. can. 218).

Ahora bien, tanto el anuncio del mensaje evangélico de salvación, como la promoción de las iniciativas apostólicas y la manifestación de las propias opiniones de carácter científico en las disciplinas sagradas a las que algunos fieles se dedican pueden realizarse, y de hecho se realizan, a través de Internet. Esto nos llevará en un tercer momento a analizar el ejercicio de la autoridad de los Pastores, a quienes corresponde enseñar como Maestros de la fe y conducir como Rectores de la Iglesia, para poder ejercer su función magisterial y rectora en este nuevo terreno de presencia y acción eclesial (Cf. can. 212 § 1).

2. El anuncio de la Palabra divina a través de Internet

La Iglesia ha recibido de Jesús la misión de conservar íntegro el depósito de la fe, profundizar cada día más en él y anunciarlo a todos los hombres con todos los instrumentos aptos para ello (Cf. can. 747 § 1). En esta misión participa todo el Pueblo de Dios, cada uno conforme a su estado y condición.

El anuncio de la Palabra divina a la Iglesia universal corresponde al Papa y al Colegio episcopal (Cf. can. 756 § 1). En el cumplimiento de este oficio, el Sumo Pontífice es Doctor y Maestro para la Iglesia universal, y goza de infalibilidad en su enseñanza cuando proclama por un acto definitivo la doctrina que debe sostenerse en materias de fe y costumbre. También el Colegio episcopal goza de la misma infalibilidad de la Iglesia, cuando enseña como definitiva una doctrina, ya sea reunido en un Concilio ecuménico, o con los Obispos dispersos por el mundo y en comunión con el Papa (Cf. can. 749).

En cada Iglesia particular la función de anunciar el Evangelio corresponde al Obispo, como moderador de todo el ministerio de la Palabra divina en su jurisdicción. Cada Obispo (o varios de ellos reunidos en Conferencias episcopales o en Concilios particulares) es maestro auténtico para los fieles que se le han confiado, a quienes corresponde adherir con asentimiento religioso a sus enseñanzas en materias de fe y costumbres (Cf. can. 756 § 2).

Los presbíteros y los diáconos son, por su ordenación, cooperadores de los Obispos en el ministerio de la predicación. Los miembros de los Institutos de Vida Consagrada están llamados a ayudar a los Obispos en este ministerio, en virtud de su consagración, y los laicos, en virtud del Bautismo y la Confirmación, pueden ser llamados a cooperar con los Obispos en el ejercicio de ese mismo ministerio (Cf. cáns. 757, 758 y 759).

El ministerio de la Palabra divina abarca diversos modos e instrumentos contemplados hoy por las normas canónicas. Los principales son la predicación y la catequesis. Pero también sirve al mismo fin la enseñanza de la doctrina cristiana, especialmente en las escuelas y otros institutos, así como todo tipo de reuniones y conferencias, y las declaraciones públicas hechas por la autoridad eclesiástica (Cf. can. 761).

Sin embargo, hoy también debe considerarse a Internet como un instrumento útil para el ministerio de la Palabra divina que corresponde a la Iglesia. Y así como para la predicación, la catequesis, las escuelas y la participación de los ministros y los fieles laicos en la predicación a través de los instrumentos de comunicación social hasta hoy conocidos existen normas precisas, con las cuales la autoridad de la Iglesia regula el ministerio de la Palabra, de la misma manera, la utilización de Internet como instrumento para el desarrollo del ministerio de la Palabra reclama una regulación, que permita a la Iglesia garantizar la integridad de la fe y su recta predicación, en cumplimiento de su misión de custodiar la verdad revelada, a la vez que profundiza en ella y procura su anuncio a todos los hombres (Cf. can. 747).

La predicación de la Palabra de Dios es un derecho para los Obispos (Cf. can. 763), que cuentan para hacerla con la colaboración de los presbíteros y diáconos, a quienes corresponde la facultad de predicar en todo el mundo, salvo expresas limitaciones que puede hacer el Ordinario del lugar (Cf. can. 764). Atendiendo a la norma vigente, debe entenderse que los presbíteros y diáconos tienen también la facultad de "predicar" a través de Internet, ya sea a través de Páginas expresamente destinadas a esta finalidad, o a través de listas de distribución de correo electrónico.

Sin embargo, así como para hablar sobre un tema de doctrina cristiana por radio y televisión deben cumplirse las normas que en cada lugar da la Conferencia episcopal (Cf. can. 772 § 2), se puede pensar que el alcance universal que tiene una exposición doctrinal o predicación hecha a través de Internet por los ministros sagrados merezca algunas normas reguladoras dadas por las Conferencias episcopales, para los ministros sagrados de su jurisdicción.

3. Las "Páginas católicas" en Internet

La Iglesia ha regulado con precisión las instituciones que en su nombre enseñan la doctrina cristiana, principalmente las escuelas y las universidades católicas, así como otros institutos canónicos similares. El nombre de "católica", que ninguna institución educativa puede llevar sin expreso consentimiento de la autoridad eclesiástica, orienta a los fieles que quieren recibir la enseñanza de la doctrina católica. De la misma manera, cualquier iniciativa apostólica de los fieles emprendida por propia iniciativa, cada uno según su propia condición, necesita el consentimiento de la autoridad eclesiástica para llevar el nombre de "católica" (Cf. can. 216). Lo mismo debe decirse de cualquier asociación de fieles, que para llevar el nombre de "católica" necesita del consentimiento de la autoridad eclesiástica competente (Cf. cáns. 300 y 312).

Ahora se agrega una nueva realidad, en la que el nombre de "católica" debería servir para orientar a los fieles. Se trata de las Páginas Web o los Portales presentes en Internet, desde los cuales se puede acceder a variada información sobre la Iglesia, su doctrina, sus actividades y su presencia y tarea evangelizadora en diverso lugares del mundo.

En la medida en que se dedican a ofrecer en su espacio la doctrina católica, y más todavía si pretenden identificarse como "católicas", las Páginas Web y los Portales presentes en Internet deberían contar con un consentimiento de la autoridad eclesiástica, que pudiera ser fácilmente verificado por todos los que acceden a ellas.

La autoridad eclesiástica competente para dar el consentimiento que permita a una Página Web o a un Portal identificarse como "católica" o "católico" debe considerarse en tres niveles, a semejanza de la autoridad para conceder este calificativo a las asociaciones de fieles. Será, entonces, el Obispo diocesano, la Conferencia episcopal o la Santa Sede, según el alcance o radio de acción de la institución que pide el consentimiento (Cf. can. 312 § 1).

Cada una de estas autoridades eclesiásticas debería contar con un número de veedores, cuya función sería verificar la existencia de los requisitos, que podrían definirse con anticipación, necesarios para otorgar a una Página o Portal la calificación de "católica". Cuando las Páginas o Portales que han solicitado el consentimiento para calificarse como "católicas" cumplen los requisitos exigidos, podrán colocar un signo o logo de verificación, oportunamente otorgado, al modo de una firma digital, a partir del cual todo visitante pueda tener la oportunidad de comprobar a través de un link a otra Página, perteneciente a o supervisada directamente por la autoridad eclesiástica, la autenticidad del mismo (Omito los detalles técnicos del método. Una propuesta sobre el mismo ha sido preparada por los autores del Portal www.elvaticano.com).

Sin duda, las Páginas Web y los Portales presentes en Internet tienen una existencia mucho más dinámica que las instituciones educativas y las otras realidades que pueden identificarse como "católicas" con el consentimiento de la autoridad eclesiástica. Por esta razón, las Páginas Web identificadas como "católicas" deberán ser revisadas con cierta periodicidad. De todos modos, habrá que considerar que las diversas instituciones educativas o apostólicas, así como las asociaciones de fieles que tienen el consentimiento de la autoridad eclesiástica para llamarse "católicas", también pueden hacerse directamente responsables de las Páginas o Portales que ellas ponen en Internet, de modo tal que bastará identificar el origen de la Página en la institución reconocida como católica, para otorgarle el logo de verificación de su catolicidad. En todo caso, si en la revisión de una Página Web perteneciente a una institución reconocida como "católica" se constatara alguna irregularidad, siempre será posible suspender la identificación, hasta que la misma fuera corregida.

4. Otras Páginas o servicios de Internet

Existen otras Páginas o servicios de Internet, como grupos de noticias o de correo electrónico, o listas de distribución de información, que no pertenecen a instituciones "católicas", sino a simples fieles, que se ocupan a través de estos medios de los temas de fe y costumbres. Podríamos decir que son Páginas o servicios "privados", en la medida en que este término es aplicable a un instrumento de alcance universal como Internet.

Debemos tener en cuenta, en primer lugar, el deber de la autoridad eclesiástica de preservar la integridad de la fe y de las costumbres, para lo cual debe velar para que el uso de los medios de comunicación social, entre los que debe considerarse Internet, no provoque daños a la fe y a las costumbres (Cf. can. 823 § 1). Este deber corresponde a los Obispos diocesanos o equiparados a ellos en las Iglesias particulares, a las Conferencias episcopales para todos los fieles de su territorio, y a la autoridad suprema respecto de la Iglesia universal (Cf. can. 823 § 2).

En correspondencia con este deber de vigilancia propio de los pastores, los fieles reciben la recomendación de someter al juicio del Ordinario del lugar los escritos que traten sobre las sagradas Escrituras, teología, derecho canónico, historia eclesiástica y materias religiosas o morales (Cf. can. 827 §§ 2 y 3). Además, si los escritos serán utilizados en las escuelas, deben contar necesariamente con la aprobación de la autoridad (Cf. can. 827 § 2).

Haciendo una aplicación de dichas normas a la publicación en Internet, a través de cualquiera de los modos antes mencionados u otros similares, de contenidos que se refieren a las sagradas Escrituras, teología, derecho canónico, historia eclesiástica o materias religiosas o morales, es necesario recomendar a los fieles que sometan al juicio del Ordinario del lugar las Páginas Web o servicios de distribución de información referidas a esas materias (Cf. ibid).

Se deberá tener especialmente en cuenta que los libros de las sagradas Escrituras no pueden editarse si no son aprobados por la Sede Apostólica o por la Conferencia episcopal; y en caso de que fieles católicos publiquen en Internet textos de la sagrada Escritura, o más probablemente sus traducciones en lengua vernácula, deberá constar de algún modo dicha aprobación (Cf. can. 825 § 1).

Lo mismo debe decirse de los libros litúrgicos, cuya edición corresponde a la Santa Sede, a quien corresponde también la revisión de las traducciones preparadas por las Conferencias episcopales. Si se publican en Internet, deberá constar la legitimidad del texto que se publique (Cf. cáns. 826 § 1 y 838 §§ 2 y 3).

En todos estos casos, el método ya propuesto del logo de verificación sería un instrumento adecuado para hacer constar la aprobación o el nihil obstat, según el caso, otorgado por la autoridad eclesiástica a los contenidos de Internet que hayan sido sometidos a su control y hayan sido reconocidos por la misma.

5. Algunas propuestas

No cabe duda sobre la utilidad que Internet puede prestar a la misión de la Iglesia. Su activa presencia, desde la Página oficial de la Santa Sede hasta las iniciativas personales de algunos fieles que presentan de manera eficaz la doctrina católica, pasando por la gran cantidad de Páginas de diócesis y parroquias que son de gran utilidad, principalmente para los propios fieles, es prueba suficiente del servicio que este instrumento puede prestar a la misión de la Iglesia.

Sin embargo, se hace necesaria la intervención de la autoridad de la Iglesia para garantizar la integridad de la fe y de las costumbres que se propone en su nombre a través de Internet. Sobran los ejemplos sobre abusos a la buena fe de los fieles, a través de Páginas Webque presentan doctrinas heréticas, con supuestos avales de la autoridad eclesiástica, para justificar un eficaz ejercicio de la autoridad eclesial en este campo.

Es posible, con relativa facilidad, implementar un método ágil y eficaz, compatible con las características propias de Internet, para garantizar la fidelidad a la doctrina de la Iglesia en las Páginas Web que quieran presentarse como católicas. Se deberá invitar a los fieles a someter voluntariamente a la revisión de la autoridad eclesiástica sus Páginas o demás servicios implementados a través de Internet, para obtener la firma de verificación de catolicidad. Al mismo tiempo, todos los fieles tendrán la posibilidad de verificar la catolicidad de las Páginas Web que se les ofrezcan como "católicas", gracias al certificado que podrán presentar las que hayan sido reconocidas por la autoridad eclesiástica.

Este servicio necesitará implementar equipos técnicos y doctrinales que trabajen al servicio de la autoridad eclesiástica, en beneficio de todo el Pueblo de Dios. Seguramente no será posible para todas las Iglesias particulares organizar debidamente este servicio de verificación de la conformidad de las Páginas que elaboren sus fieles o las instituciones o asociaciones de fieles de su jurisdicción con la doctrina de la Iglesia. Pero seguramente las Conferencias episcopales podrán prestar en este campo, como de hecho ya lo hacen en muchos otros, servicios de apoyo a los Obispos diocesanos, para ejercer su función rectora en este nuevo campo de acción de la Iglesia.

Por esto mismo, puede ser útil, sobretodo desde un punto de vista económico, prever un sistema centralizado, quizás a través de las Conferencias episcopales o varias de ellas juntas, para otorgar las firmas o certificados digitales que permitan identificar las páginas que han sido reconocidas por la autoridad eclesiástica. De todos modos, queda claro que la autoridad eclesiástica para dar ese reconocimiento seguirá siendo la que actualmente determina la norma canónica, tanto para el ministerio de la Palabra como para el reconocimiento de la catolicidad de diversas instituciones canónicas, ya sea en el ámbito de la Iglesia particular, la Conferencia episcopal o la Iglesia universal.


Será clave, por otra parte, que, a medida que logre implementarse este servicio de verificación de contenidos conformes a la doctrina católica en las Páginas Web y demás servicios de Internet, se haga conocer a los fieles la posibilidad y el modo de identificar como reconocidas por la autoridad eclesiástica todas las Páginas Web y los contenidos que hayan sido aprobados por la misma, a través de las firmas digitales que puedan garantizar su autenticidad.

Por: Alejandro W. Bunge | Fuente: pccs.va 


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lunes, 14 de enero de 2019

COMUNICAR LA MISERICORDIA




"La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona. La Esposa de Cristo hace suyo el comportamiento del Hijo de Dios que sale a encontrar a todos, sin excluir ninguno. En nuestro tiempo, en el que la Iglesia está comprometida en la nueva evangelización, el tema de la misericordia exige ser propuesto una vez más con nuevo entusiasmo y con una renovada acción pastoral. 

Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre." (N°12 Misericordiae Vultus) 

"Los que hacen los medios tienen una responsabilidad ante los usuarios de los mismos. Ante todo, deben informar conforme a la verdad. Tanto la investigación de los verdaderos hechos como sup ublicación, deben tener en cuenta los derechos y la dignidad de la persona.
Los MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL deben contribuir a la construcción de un mundo justo, libre y solidario." (N°459 YOUCAT)

"La información de estos medios es un servicio del bien común (cf IM 11). La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad: El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación." (N°2494 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA)

"Es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia también en este campo, y, así, con ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública". La solidaridad aparece como una consecuencia de una información verdadera y justa, y de la libre circulación de las ideas, que favorecen el conocimiento y el respeto del prójimo." (N°2495 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA)

Para Descargar (.PDF): Misericordiae Vultus

martes, 20 de noviembre de 2018

"El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación" -Card. Pironio-


"El primer areópago del tiempo moderno
es el mundo de la comunicación"
Cardenal Eduardo Pironio
I Congreso de Comunicadores Católicos
Mar del Plata, 3-6 de Octubre 1996


INTRODUCCIÓN

Mi relación será breve y sencilla. Enmarcada en un clima de espiritualidad y de esperanza. Vivimos tiempos difíciles; por eso mismo necesitamos la sabiduría y la fortaleza del Espíritu Santo. Nos hace falta la esperanza. Aquella esperanza que no falla "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rm 5,5). Necesitamos, también, la presencia de los santos. Pablo VI nos decía que el mundo de hoy necesita el paso de los santos, santos de lo cotidiano. Santos en todos los niveles: obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas, diáconos, seminaristas y fieles laicos.

Mi exposición será simple. Más que fruto de una ciencia o de una técnica - que yo desconozco - deseo que sea fruto de una experiencia espiritual, como sabiduría del pobre, del Espíritu, de la cruz. Como una especie de meditación a la luz de la Palabra de Dios. Creo que es lo único que puede pedirme este I Congreso de Comunicadores Católicos, que se realiza en esta queridísima Diócesis de Mar del Plata por la que pasé, un tiempo breve pero intenso y extraordinariamente gozoso, predicando siempre a Jesucristo. Por eso les repito las palabras de San Pablo a los Corintios: "Cuando los visité para anunciarles el testimonio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo Crucificado" (1 Cor 2,1-3). Quisiera exponer algunas sencillas reflexiones - particularmente en torno a la comunicación, la comunión y la contemplación - a modo de animación para los laicos y de exigencia de espiritualidad laical. Creo que el mundo de la comunicación social, que interesa a toda la Iglesia evangelizadora y misionera, compromete de un modo especial a los fieles laicos directamente insertados en el mundo de las realidades temporales.

1. La vocación del comunicador.

"La vida de todo hombre es una vocación" (Pablo VI, P.P. 15). "Aquí estoy, envíame" (Is 6,8). Lo primero que diría para los comunicadores sociales (cualquiera sea su ubicación en la Iglesia) es la conciencia gozosa de su vocación. Han sido llamados, elegidos y exigidos, por el Señor. "Antes de nacer te había constituido profeta de las naciones...Yo pongo mis palabras en tu boca" (ver Jer 1,5-9). No es un juego fácil de pura profesión humana. Dios interviene desde el inicio, la capacitación, la formación, la animación por el Espíritu Santo en la Iglesia. Como toda vocación exige fidelidad a la llamada del Señor (a su fuerza esencial que es la santidad y la verdad), a la Iglesia (misterio de comunión misionera), al mundo en el cual estamos insertados como protagonistas de una nueva evangelización y de una auténtica civilización del amor. Toda comunicación social presupone una íntima e ininterrumpida comunicación con Dios, que es la Verdad, y con el mundo que tiene que ser construido en la verdad del hombre y de las cosas, en la justicia, la solidaridad y el amor. El punto en que se ubica el laico es siempre el que corresponde al "Christifidelis laici", es decir, incorporado plenamente en Cristo por el Bautismo y totalmente inmerso en el mundo como su espacio teológico. Llamado a la santidad, pero abierto constantemente a las realidades temporales. Toda vocación exige desprendimiento y austeridad, pero al mismo tiempo comunión y fidelidad. No es lo mío lo que comunico, sino lo que descubro contemplativamente y recibo; pero, al mismo tiempo, es lo mío (lo consubstancialmente recibido y asimilado). "Mi palabra no es mía", dice Jesús: "es la del Padre que me envió". Es importante concebir la comunicación como una vocación. Entonces la comunicación se vuelve exigente, gozosa y siempre nueva. En cierto sentido (al menos para los cristianos), esta vocación es una forma de su función profética. Una profecía que exige fidelidad y realismo, fortaleza y esperanza. Volvemos al tema de la esperanza. Este es el punto en que nos ubicamos. Juan XXIII al empezar el Concilio, nos hizo ver los distintos modos de asomarse al mundo. Ante el mismo panorama están los profetas de calamidades, que siempre anuncian lo peor, con los que no se puede estar de acuerdo. Frente a estos profetas el Papa Juan invita a reconocer los misteriosos designios de la Providencia. Hay que ser profetas de esperanza. Estos son los que de verdad han entendido que el mundo es un don de Dios y tienen puesta su mirada en un más allá que para el cristiano es fuente de esperanza. Esto no significa vivir ciegos ante los difíciles problemas del mundo, sino aproximarse a ellos con otro "punto de vista". Cuando Pablo habló en el Areópago de Atenas habló de la "última novedad" de Jesucristo, de que el mundo fue hecho por Dios y de que "nosotros somos de la raza de Dios" (ver Hech 17).

2. "La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14).

Deseo subrayar dos cosas: que el contenido central de la Comunicación cristiana es la Palabra de Dios y que esa Palabra tomó carne en el seno virginal de Nuestra Señora. Es una Palabra que se hizo historia, que permaneciendo siempre el Hijo de Dios "que está en el seno del Padre" (Jn 1,18), plantó su morada entre nosotros. Un buen comunicador es siempre un contemplativo y el contemplativo verdadero es un hombre profundamente encarnado. Alguien que escucha siempre a Dios y tiene capacidad para escuchar al hombre (asumiendo sus angustias y esperanzas, iluminando su dolor y dando sentido a su alegría). Volveremos a tocar el tema de la contemplación como exigencia espiritual y humana de la comunicación. Para los comunicadores católicos (o cristianos), la comunicación es un anuncio explícito (o implícito) de Jesucristo que no vino a condenar, si no a salvar, que no vino a ser servido sino a servir, que vino para dar la Vida. Es preciso presentar la imagen cercana de Jesús, el Maestro y Salvador, la Luz del mundo, el médico espiritual y corporal, el que reconcilia el mundo con el Padre. Pero es también necesario presentar el rostro de Jesús en el pobre y el que sufre, en el rostro transparente de una Iglesia fraterna y creíble. Es la Iglesia orante, fraterna y misionera, la que debe ser presentada al mundo como sacramento universal de salvación. Hablando de comunicadores de Jesucristo se está hablando de la Iglesia: desde el interior de una Iglesia comunión evangelizadora y misionera. Pero entonces nos preguntamos: ¿Cómo queremos que sea la Iglesia del Tercer Milenio? ¿Cómo nos comprometemos ante las puertas del III Milenio a construirla como obra e imagen de la Trinidad Santísima? ¿Cómo tiene que ser la vida de un comunicador social ahora y el testimonio de la comunidad cristiana comprometida toda ella en lo nuevo del mundo?

3. Tenemos que volver más profundamente al Concilio.

No lo hemos comprendido todavía ni puesto en práctica totalmente. En gran parte no lo hemos leído. No lo conocemos. En parte lo seguimos combatiendo sin conocerlo. Es una forma de "resistir al Espíritu Santo". Quizás por eso la Iglesia no ha alcanzado plenamente la unidad, la fortaleza y la esperanza del Espíritu. Es una Iglesia que tiene miedo, que no sabe escuchar para poder anunciar, que se mantiene en la pura defensa de la verdad y no se compromete en la audacia de la profecía. El Año Santo que se acerca es un reclamo al Concilio. A profundizar la letra y el espíritu, a ponerlo en práctica.

4. "Yo soy la Verdad" (Jn 14,5).

Los comunicadores sociales dicen referencia esencial a la Verdad: la Verdad de Jesucristo, de la Iglesia y del Hombre. En muchas partes quedan todavía por contestar las palabras de Pilato: "¿Qué es la Verdad?" (Jn 18,38). Sería bueno contribuir, mediante los medios de comunicación, a responder a estos desafíos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre...? ¿Ustedes quién dicen que soy?" (Mt 16,13-15); O también: "¿Quién es mi prójimo?" (Lc 10,29). Es importante recordar estas frases de Jesús: "Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres" (Jn 8,31). "Para esto he nacido y he venido al mundo; para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz" (Jn 19,37). La verdad exige ser buscada con pasión, gustada con humildad y comunicada con sinceridad. La comunicación de la verdad se opone a la agresividad y a la improvisación o rapidez del anuncio. Hay verdades que deben ser anunciadas con realismo y dolor pero siempre con respeto y con amor. Un comunicador social debe ser un hombre apasionado de la verdad y, al mismo tiempo, veraz y verdadero. Un auténtico testigo. El mundo de hoy, decía Pablo VI, tiene más necesidad de testigos que de maestros. La verdad existe y se anuncia, no se inventa ni se calla.

5. Un aspecto esencial para la comunicación es la capacidad contemplativa.

"Lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos...es lo que les anunciamos" (1 Jn 1,1). Esto es válido sobre todo, para la Palabra de Vida. Los auténticos comunicadores de vida en la Iglesia son los contemplativos. No se trata de comunicar una ciencia sino una vida. Lo cual exige una grande capacidad de silencio, de escucha, de diálogo, de acogida, de profundidad interior, de serenidad, de oración. El profeta se pone siempre en profunda y humilde actitud de escucha: "Habla, Señor que tu Siervo escucha" (1 Sam 3,10). Hay comunicaciones que exigen una particular capacidad contemplativa: cuando se trata de anunciar directamente la Palabra de Dios. Es preciso, entonces, "Devorar el rollo" (Ez 3,1). Engendrar la Palabra y anunciarla; es el caso del evangelizador, del catequista, del misionero. "El futuro de la misión depende en gran parte de la contemplación. El misionero, si no es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo creíble" (RM 91). Se nota en seguida cuando una palabra es simplemente estudiada y aprendida o nace de un corazón contemplativo. Pero se advierte también cuando la simple palabra comunicada (una noticia o un comentario) tiene sus raíces en una profunda capacidad contemplativa. Ya sé que la contemplación es un puro don de Dios; pero hace falta pedirlo en la oración y prepararse en el silencio y la pobreza. Las cosas de Dios deben ser comunicadas desde la contemplación; son así más verdaderas, más ardientes y más concretas. Tal vez, también más simples y más sencillas, menos complicadas y más breves. Resultan para los destinatarios más comprensibles y amables; más serenamente creíbles y acogidas.

Pero la contemplación tiene también una dimensión humana, o mejor aún, una fuerte y fácil capacidad divina para entender la historia, leer los signos de los tiempos y comprender, exponer y explicar los acontecimientos. Sobre todo, para entender y explicar el misterio del hombre. Podríamos ser injustos al dar la noticia de un hombre sin entender (o tener en cuenta el misterio de un hombre. Lo mismo pasa con los pueblos y con sus culturas. Esta capacidad de contemplación divina-humana, supone mucha capacidad de escucha y observación, de reflexión y de estudio, de silencio y de oración.

Para obtener esta capacidad contemplativa hace falta un espíritu de humildad y de pobreza, de desprendimiento y de austeridad, de amor a la verdad y de respeto al hombre. Quien empieza por saberlo todo o cree tener una exclusiva capacidad creativa, corre el riesgo de no entender nada o de deformar la realidad objetiva. El comunicador contemplativo es capaz de ayudar a crear culturas nuevas fieles a sus orígenes. Pero la contemplación no se improvisa. Ya dijimos que es un Don de Dios y hay que pedirla con humildad. La rapidez de la noticia - para que sea la primera - puede entorpecer la contemplación y dañar la verdad de la noticia.

viernes, 12 de octubre de 2018

Biografía de San Carlo Acutis

Publicación actualizada el 8 de septiembre de 2025




San Carlo Acutis (Londres, Inglaterra, 3 de mayo de 1991-Monza, Italia, 12 de octubre de 2006) un joven que con su testimonio de vida nos invita a vivir la santidad. 

(En la parte final de esta nota encontrarán un link para pedir que Carlo sea nombrado "patrono de los Internautas")

Biografía

Sus padres, Andrea Acutis y Antonia Salzano, originarios de Italia se encontraban en Inglaterra, temporalmente por motivos laborales, Carlo nació el 3 de Mayo de 1991 en Londres y recibió el sacramento del Bautismo el 18 de Mayo en la parroquia "Our Lady of dolours" (Nuestra Señora de los Dolores)



Pila bautismal y acta de bautismo 

Con su abuela Luana (madrina de Bautismo)

El 8 de septiembre de 1991 regresan a Milán (Italia). En 1995 Carlo comenzó el jardín de infantes en la escuela municipal de Parque Pagani, en Milán. En septiembre de 1997 inicia la escuela primaria en el Instituto Tommaseo, de las religiosas Marcelinas.


Sor Monica Ceroni, quién conoció a Carlo
 en la escuela 

Carlo en 5° - clase de Ingles
(más fotos de la escuela aquí)


El 16 de Junio de 1998, a los 7 años, recibió el sacramento de la Comunión en el monasterio de las Monjas Eremitas de San Ambrosio, en Perego (Monache Romite du perego), y desde este día comenzó su gran amor por la Eucaristía, a la que llamó "mi autopista hacia el cielo"​. Esta celebración fue autorizada por Monseñor Pasquale Macchi (quien fue secretario del papa Pablo VI), después de interrogarlo, garantizó la madurez y la formación cristiana del niño para recibir el sacramento. Sólo les hizo una recomendación: que la celebración se desarrollara en un lugar idóneo para el recogimiento interior, sin distracciones, por este motivo la celebración se realizó en un monasterio.

Capilla del monasterio donde Carlo Acutis
recibió el sacramento de la Eucaristía.


El 24 de mayo de 2003 recibió el Sacramento de la Confirmación en la Parroquia, «Santa Maria Segreta». Diariamente asistía a Misa, rezaba el rosario y realizaba un momento de oración ante Jesús sacramentado. Sus modelos de fueron san Francisco y santa Jacinta Marto, santo Domingo Savio, san Luis Gonzaga, san Tarcisio y San Francisco de Asís. 

Carlo tenía gran devoción por la Virgen María, a quien consideraba su confidente. Su tierna devoción a la Virgen se refleja en el Rosario diario y, sintiéndola como Madre amorosa, le dedica sus renuncias como sacrificios. “Es un apasionado de las historias de apariciones de la Virgen de Lourdes y Fátima. Visitó estos lugares con sus padres y compartió con sus amigos vídeos de estas visitas. Al rezar el Rosario incluye la oración que la Virgen enseñó a los pastorcitos el 13 de Julio de 1917: ¡Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia. Amén.” ("La vida más allá del confin" - Francesco Occhetta)


Al recibir el sacramento de la Eucaristía

El día que Carlo recibió el sacramento de la Confirmación


                                
En septiembre de 2005 inicia el bachiller en el Instituto León XIII de los padres jesuitas. 

Le gustaba compartir el día a día con su familia y sus amigos. También dedicaba parte de su tiempo en ayudar a personas sin hogar, llevaba comida a personas que encontraba en las calles de Milán, en una oportunidad decidio destinar sus ahorros para compar una bolsa de dormir y se la regaló a una persona que pasaba frio en la calle, su nombre era Emmanuel (Dios con nosotros). Fue voluntario en un comedor de los frailes capuchinos, donde servia el almuerzo a las personas de la calle.

Entre sus pasiones estaba la informática, por la que mostró un gran talento  que utilizó para testimoniar la fe a través de la creación de sitios web. Por esta razón, se ha pensado en él como posible patrono de Internet. También le gustaba esquiar, nadar, jugar al fútbol y a la playstation con sus amigos.


Libros de informática con los que estudiaba Carlo



Un amigo de Carlo detalló en una entrevista la pasión que compartían por el fútbol
 y cual era el club favorito de Carlo, aquí podes leer esa entrevista



Exposición sobre los Milagros Eucarísticos en el mundo

Carlo unió sus dos pasiones: La Eucaristía y la Informática, ideó y organizó un material audiovisual sobre los milagros eucarísticos, se lo considera un precursor de la difusión masiva de contenidos religiosos. El fruto de su trabajo de varios años, fue un catálogo digital sobre los Milagros Eucarísticos en el mundo. La exposición, que recoge un total de 136 milagros, se ha difundido por los cinco continentes. Sólo en los Estados Unidos ha llegado a millares parroquias, y a cien universidades norteamericanas; en el resto del mundo, a cientos de parroquias y algunos de los santuarios marianos más famosos, como: Fátima, Lourdes y Guadalupe. Finalizado ese catálogo, comenzó a diseñar otro sobre las apariciones marianas, no pudo concluir esta investigación pero su familia y la asociación Amici di Carlo Acutis decidieron cumplir el sueño de Carlo y también se encuentra en Internet este catálogo mariano


“La Eucaristía es mi autopista hacia el Cielo” 
Consultar exposición online


La Virgen María es la única mujer en mi vida” 
Consultar el catálogo mariano


Inquietud vocacional en el corazón de Carlo

En el verano italiano del año 2006, unos meses antes de su enfermedad, Carlo  le preguntó a su madre: ¿Tú crees que debo ser sacerdote? Ella respondió: "Lo irás viendo tú solo. Dios mismo te lo irá revelando en la oración"


Enfermedad y fallecimiento

El 2 de octubre del año 2006, Carlo se enfermó. Parecía una gripe , pero el diagnostico fue el de una leucemia de tipo M3, la más corrosiva. 

Les dijo a sus padres: «Ofrezco al Señor los sufrimientos que tendré que padecer por el Papa y por la Iglesia, para no tener que estar en el Purgatorio y poder ir directo al cielo». Cuando la enfermera le preguntaba cómo se sentía con esos dolores, Carlo respondía: «Bien. Hay gente que sufre mucho más que yo. No despierte a mi madre, que está cansada y se preocuparía más».​ 

El martes 10 de octubre Carlo, pidió y recibió la Unción de los enfermos y la Comunión, con la certeza de que moriría en un futuro cercano.

El  miércoles 11 de octubre de 2006 entró en coma por una hemorragia cerebral causada por esta leucemia fulminante, que se había manifestado tan sólo unos días antes. Los médicos, a las 17:00hs., lo declaran clínicamente muerto, tras haber cesado todas las actividades cerebrales. El jueves 12 de octubre, a las 6:45 hs, falleció en el hospital San Gerardo de Monza. 


Fama de santidad

El sábado 14 de octubre se celebró el funeral en la Parroquia «Santa Maria Segreta». La iglesia estaba tan llena que muchos se vieron obligados a permanecer afuera. Los diarios italianos más importantes informaron sobre este hecho. Su madre recuerda que había gente que ella no conocía. Personas sin hogar, inmigrantes, mendigos, niños... Un montón de personas que le hablaban de Carlo, de lo que él había hecho por ellos.

Existen más de doscientos sitios y blogs que hablan sobre él en diferentes idiomas. Hay muchas historias de conversión relacionadas con él, que ocurrieron tras su muerte. Los padres reciben cartas y solicitudes de oración de todo el mundo, y gran parte de este material fue recolectado durante la fase de beatificación diocesana.

En enero de 2007 el cuerpo de Carlo fue trasladado desde Milán hacia el cementerio de Asís, según lo dispuesto por Carlo. (Antes de conocer su enfermedad, pidió que si moría le gustaría que lo enterraran en Asís).




Exhumación y traslado del cuerpo de Carlo Acutis

El Miércoles 23 de enero de 2019, los restos mortales de Carlo, en virtud de las leyes canónicas, fueron exhumados. 

El traslado de los restos se realizó el 5 de abril de 2019 con su llegada a la Basílica de San Francisco de Asís, seguida de una procesión hasta la Iglesia de San Ruffino, donde hubo una vigilia de jóvenes.

En la Misa durante la vigilia, el Arzobispo de Spoleto-Nurcia, Mons. Renato Boccardi, destacó también la figura de otro joven italiano, el beato Pier Giorgio Frassati: “Carlo fue un joven normal, extraordinario en lo ordinario. Al igual que Pier Giorgio, también Carlo recibía cada día la visita de Jesús en el pan eucarístico y devolvía las visitas acogiendo y ayudando a los pobres”.

El sábado 6 de abril, el cuerpo fue trasladado en un féretro de madera al “Santuario del Despojo”. “Estamos aquí para sepultar sus restos mortales en este Santuario, para que su luz se encuentre y se funda con aquella que hace ocho siglos brilló en Francisco y que hace de Asís una ciudad especial. Francisco y Carlo ahora están indisolublemente unidos. Juntos, los cantores de la vida y el bien, germen del horizonte de una humanidad marcada por una crisis de época”, expresó Mons. Sorrentino en su homilía.

Finalmente, el cuerpo fue sepultado en un monumento sepulcral en la nave derecha del Santuario donde cientos de fieles rindieron homenaje a Carlo.




Aquí podes conocer los detalles del diseño y proyecto de la tumba

Así se encuentra la tumba de Carlo en el Santuario del Despojo, Asís - Italia


Proceso de canonización


El 12 de octubre de 2012 se abrió oficialmente la causa de canonización de Carlo en la Arquidiocesis de Milán (fase diocesana)

El 13 de mayo de 2013 llega el "Nihil Obstat" de parte de la Santa Sede para la causa de beatificación y canonización de Carlo, es decir, la confirmación de que no existe ningún obstaculo para continuar con el proceso de la causa

El 24 de noviembre de 2016 se clausura en el Arzobispado de Milán, en presencia del Cardenal Scola, el proceso diocesano de la causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Carlo Acutis.

El 5 de julio del año 2018 el papa Francisco lo declaró venerable, es decir, se reconoció que vivió las virtudes de Fe, Esperanza y Caridad.

El día 14 de Noviembre del año 2019, el sitio oficial de la asociación Carlo Acutis publicó el siguiente comunicado:

"En la mañana de este jueves, 14 de noviembre de 2019, se reunió la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos. Los peritos médicos expresaron un dictamen positivo respecto a un presunto milagro atribuido a la intercesión del Venerable Carlo Acutis. Por lo tanto, continúa la tramitación de la Causa de canonización del Venerable en el Dicasterio Vaticano." Nicola Gori (Postulador de la Causa)

BEATO CARLO ACUTIS 

El Papa Francisco aprobó el milagro que llevó a Carlo Acutis a su beatificación 

El viernes 21 de febrero del año 2020 el Santo Padre Francisco recibió en audiencia al Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Becciu, autorizando varios decretos, entre ellos el milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Carlo Acutis.



El sábado 13 de Junio  del año 2020 (fin de semana de Corpus Christi) se anunció la fecha de la beatificación:

"Aleluya! El rito de beatificación se llevará a cabo el sábado 10 de Octrubre del 2020. A las 16:00 horas, en la Basílica Superior de San Francesco en Asís. Como ha sido mencionado por Monseñor Domenico Sorrentino, Arzobispo-Obispo de Assisi-Nocera Umbra-Gualdo Tadino, la beatificación será un momento de alegrìa para todo el pueblo de Dios. La fecha elegida será cercana a un aniversario importante en la vida de Carlo, su naciemiento al Cielo: el 12 de octubre del 2006. Recodemos que el viernes 21 de febrero, el Papa Francisco habia autorizado a la Congregación de los Santos a promulgar el decreto con respecto al milagro atribuido a la interseción de Carlo Acutis. Alabado sea el Señor en sus Ángeles y sus Santos. Agradecemos al Señor porque ha hecho maravillas."

Nicola Gori (Postulador de la causa)


Intercesión del Beato Carlo Acutis (Milagro)

El milagro atribuido a la intercesión de Carlo Acutis, y que lo llevó a su Beatificación, es la curación inexplicable de un niño en Brasil, quien padecía una anomalía congénita. El hecho ocurrió en Campo Grande, en el estado de Mato Grosso del Sur, el 12 de octubre de 2013 cuando en la capilla de Nuestra Señora Aparecida se expuso una reliquia de Carlo. Al lugar llegó un pequeño acompañado por su abuelo, quienes se acercaron a la reliquia con el anhelo de que el niño recobrase su salud, pidiendo la intercesión de Carlo. El pequeño llevaba mucho tiempo padeciendo la extraña enfermedad de páncreas anular que lo había debilitado mucho y lo estaba llevando a una muerte temprana. 


Poco tiempo después de recibir la bendición con la reliquia de Carlo Acutis, el niño se curó de manera inexplicable, a los pocos días empezó a mejorar y en el mes de febrero del año siguiente le realizaron pruebas médicas que confirmaron que estaba completamente curado. (Palabras del P. Marcelo Tenorio, párroco del lugar) - Más información del milagro: click aquí

 CELEBRACIÓN DE BEATIFICACIÓN

El sábado 10 de octubre de 2020, Carlo fue beatificado en Asís. La ceremonia, se celebró en la Basílica de San Francisco de Asís, por el cardenal Agostino Vallini, delegado del papa Francisco. En esta celebración estuvieron presentes sus padres Andrés y Antonia, sus hermanos Michele y Francesca y miembros de la asociación "Amici di Carlo Acutis".




APROBACIÓN DEL DECRETO PARA LA CANONIZACIÓN DE CARLO ACUTIS 

El Papa Francisco ha aprobado el 23 de mayo un milagro atribuido a la intercesión del Beato Carlo Acutis, el adolescente italiano que falleció a los 15 años y fue beatificado en 2020 en Asís. 

Historia del milagro atribuido a la intercesión del Beato Carlo Acutis

Entre los numerosos peregrinos que acuden a la tumba, el 8 de julio de 2022, llegó una mujer, Liliana, de Costa Rica. Se arrodilla, reza y deja una carta, palabras de esperanza que envuelven la peor angustia de una madre. Seis días antes, el 2 de julio, su hija se cayó de la bicicleta por la noche cuando volvía a casa, en el centro de Florencia, donde la niña estudia desde 2018.

Liliana junto a Carlo

El diagnóstico que comunicaron del hospital Careggi: Traumatismo craneoencefálico muy grave, operación de craneotomía, extirpación del hueso occipital derecho para aliviar la presión, esperanza de supervivencia casi nula.

Ese 2 de julio, día del accidente, la secretaria de Liliana comienza a rezar al Beato Carlos Acutis y seis días despúes Liliana se dirige a Asís. Ese mismo día, el hospital informa: Valeria ha reanudado espontáneamente la respiración, al día siguiente empieza a moverse de nuevo y habla parcialmente. 

A partir de entonces es uno de esos casos en los que los protocolos médicos pasan a un segundo plano. El 18 de julio, la tomografía computarizada muestra que la hemorragia ha desaparecido y el 11 de agosto la niña es trasladada a terapia de rehabilitación, pero después de sólo una semana está claro que la recuperación completa está a un paso. Y el 2 de septiembre, madre e hija vuelven a Asís, a la tumba de Carlos, para dar las gracias infinitas. 






El  papa Francisco y Carlo Acutis


El legado de Acutis también ha sido recordado por el Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica Cristo Vive (104-107), publicada el 2 de abril de 2019 tras el Sínodo de los Jóvenes celebrado en Roma en octubre de 2018. Cabe recordar que Carlo fue incluido en el listado de jóvenes testigos del sínodo de los obispos: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” (3-28 de Octubre, 2018): 

En esta exhortación, el Santo Padre afirma: que a pesar de que el mundo digital puede ponernos ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío, “cabe destacar que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales, como lo era el joven venerable Carlo Acutis” -escribe Francisco- recordando que su vida y su testimonio demuestran cómo la santidad es posible en todas las edades.


CELEBRACIÓN DE CANONIZACIÓN 

El 7 de septiembre, en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre León XIV presidió la celebración Eucarística con el rito de canonización de los Beatos Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati. En su homilía, el Pontífice señaló que, para estos dos laicos “todo comenzó cuando, aún jóvenes, respondieron ‘sí’ a Dios y se entregaron a Él plenamente, sin guardar nada para sí”. Ambos, estaban “enamorados de Jesús y dispuestos a dar todo por Él”.



Michele, el hermano de Carlo, leyó una lectura bíblica en inglés, y Valeria Vargas Valverde —la joven costarricense que fue sanada en 2022 por un milagro atribuido a la intercesión del santo— pronunció una de las oraciones de los fieles. En el momento del ofertorio, Andrea y Antonia, padres de Carlo, junto a sus hijos Michele y Francesca, presentaron las ofrendas. Además, en la procesión de incensarios participó Wanda Gawronska, sobrina nieta de Pier Giorgio Frassati.




Valeria Vargas Valverde 

Reliquias de Pier y Carlo



El santo padre afirmó en la homilía: "La Misa diaria, la oración y, especialmente, la Adoración Eucarística, marcaron la vida de los santos Pier Giorgio y Carlo, quienes cultivaron su amor a Dios y al prójimo a través de sencillos actos de caridad, afirmó el pontífice. Incluso cuando la enfermedad los azotó a ambos, acortando sus vidas, continuaron dando testimonio de esperanza y ofreciéndose a Dios"

Misa de Acción de Gracias en Asís

El 8 de septiembre, Mons. Domenico Sorrentino, Arzobispo de Asís, celebró una Misa de acción de gracias en el santuario donde se encuentra la tumba de Carlo, acompañado por los padres del santo, Antonia y Andrea, y cientos de peregrinos




Fragmentos de la homilía de Mons. Sorrentino:

“Todos estamos llamados a ser santos, pero cada uno a su manera. El camino que él nos trazó es extremadamente sencillo y directo. Es el camino de acoger todos los dones de Dios”

“Vivan la vida al máximo”. “Si amas los colores, pinta. Si te gusta la música, canta. Si eres bueno en los deportes, procura ser un campeón. Si tienes talentos intelectuales, no te conformes con aprobar el examen. Si eres bueno en internet, no temas dominar también esta herramienta. Todo es de Dios y todo viene de Dios”.

En la fiesta de la Natividad de María, el arzobispo recordó la profunda devoción de Acutis a la Eucaristía y a la Virgen, señalando que para el joven “María y la Eucaristía eran un solo e inseparable amor. Veía a Jesús con los ojos de María, y amaba a María con el corazón de Jesús”.

El 12 de octubre, el Cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, presidirá la Misa en la fiesta de San Carlo Acutis, en Asís.

San Carlo Acutis, patrono de los Internautas (Petición)

La asociación "Amici di Carlo Acutis" promueve una campaña para solicitar el nombramiento de San Carlo Acutis como patrono de Internet. Sumate a esta campaña completando el formulario disponible en varios idiomas (Italiano, Inglés, Español, Francés, Alemán, Polaco y Portugues) 

Completa el formulario de petición aquí


La vida de San Carlo Acutis en  6 minutos


Más información en el sitio oficial de la Asociación Carlo Acutis 

*Cabe recordar que hay cinco etapas en el proceso oficial de la causa de los santos:

1- Postulación: se presenta y da a conocer la intención de elevar a la santidad a esa persona, y se recaban datos biográficos y testimonios.
2- La persona es declarada «sierva de Dios».
3- La persona es declarada «venerable».
4- Beatificación: la persona es declarada «beata» si se prueba la existencia de un milagro debido a su intervención.
5- Canonización: la persona es declarada «santa» cuando puede atribuírsele un segundo milagro.


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Te invitamos a escuchar algunas canciones inspiradas en la vida de Carlo





 
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